Un fugaz segundo

Si alguna vez dije que la cera de la vida se me consumió a mitad de camino entre el infierno y el cielo, fue porque no la dejé subir lo suficiente para que Dios la soplara y diera un nuevo impulso a la cansada carrera de un corazón cansado de latir esperando. ¿Esperando a qué? Es sencillo; cada uno sabe lo que ha esperado de una vida entera, es aquello con lo que ha soñado, llorado. Aquello que te ha dado a la vez ganas de respirar y te las ha quitado.
Puede que todo se resuma a un fugaz segundo, peor aún, que estés dormido y no quieras despertar para ver que se ha ido.
Todo da igual, el mundo te lo ha regalado y bien sabe Dios que sólo a ti; por un segundo, pero sólo a ti.
Si alguna vez dije que la vida es un animal, y que si la miras frente a frente puede llegar a asustar, mentí. Fue porque no la miré en lo más profundo, en lo bueno de su esencia (a veces lo tiene).
Si la doblegas a tu voluntad con una sola mirada (aunque necesites un siglo para lograrlo), habrás conseguido lo más importante de todo lo que te rodea, la felicidad.
Amantes, no toquéis si queréis vida: esto es amar, y quien lo probó lo sabe.
Pongamos que hablo de ti.
Black Jack

a las 
<< Home