Barbazul II: El encuentro

Hablando del Rey de Roma, por la puerta asoma. Tres ranitas del estanque de los jardines del palacio empezaron a croar, cada ranita croaba de forma distinta y hacía varias veces el mismo sonido, y lo hacían desordenadamente, pero poco a poco se iban coordinando, era como si quisieran decir algo, algo como: zul-bar-ba, bar-zul-ba, ba-bar-zul, bar-ba-zul, bar-ba-zul, barbazul, barbazul,...
Un criado anunció repentinamente la llegada del propietario en cuestión: -¡Alarm!¡Alarm! Es la señal, rápido, apañar las camas, apagar la música, esconder los porros y guardar la comida, que viene el jefe!¡Alarm!¡Alarm!
Al poco tiempo se presentó ante él, y se inclinó profundamente en señal de respeto en una sociedad machista como aquella. Al levantar la vista, sus ojos reflejaban asombro y temor.
- This is not a hotel, this is my castle, and you are my guest. -Indicó con contundencia el hombre-.
- Excuse me, sir. My English is not so good. Shall we speak Spanish, please?
- Ah perdona, no sabía que idioma hablabas, porque como en los cuentos tradicionales nunca se sabe en que país estás...
Lo cierto es que este último comentario me ofendió, como narrador que soy, pero lo incluyo porque soy fiel a mi ética profesional, y narro las cosas tal y como son, porque como soy omnisciente sé como son. Si no las narraría como creo que son.- Como iba diciendo..., bienvenida a mi humilde morada - Dijo el hombre sarcásticamente y con cierto aire de arrogancia-, ¿te mola mi barba? -preguntó-.
- Es del rollo - contestó la chica con timidez-.
- Entonces no entiendo a qué viene esa cara de susto. Pareces tensa, -dijo mientras le daba un masaje en los hombros pa brir boca.
Pero la muchacha se sentía un poco incómoda. Lo cierto es que a primera vista le pareció un baboso, y para quitárselo de en medio o al menos, le dejara de hacer el masaje lo interrumpió: - Lo único que me agobia un poco es lo de que podrías ser mi padre.
A lo que el hombre dijo sin alterarse: - No te preocupes, mujer, tu no eres mi primer infanticidio, ni serás el último, yo ya tengo cierta experiencia y sé como trataros a las menores. Además, yo no las considero menores si no bajan de los seis años.
Ahora sí que estaba intranquila, era imposible si lo decía en coña o en serio, pero optó por contestarle buscando su complacencia: - Menos mal, eso me deja más tranquila.
- Por cierto, ¿Como te llamas? -dijo la joven.
- Mis colegas me llaman el Mataniñas, es por una coña que tenemos,-aclaró- pero tú puedes llamarme Barbazul. ¿Y tú?
- No lo sé...
- Entiendo, otra cagada del narrador.
Como veis, Barbazul era un valiente, un valiente gilipollas.
-Tu barba es del rollo
- No temas, pronto serás mi esposa y no debes tener miedo de nada. Quiero hacerte feliz. Si demuestras que mereces mi confianza tu vida aquí será muy agradable.
- Oh, sí Barbazul, haré lo que me pidas, lo que sea.
- ¿Lo que sea?
- Sí, lo que sea.
- ¿Seguro?
- Que sí coño.
- Vale, pero luego no vale echarse para atrás en el último momento.

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