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sábado, diciembre 31, 2005

Barbazul IV: Como Jesucristo

La joven recuperó el aliento, y cuando pudo mirar a su alrededor quedó horrorizada. La habitación tenía seis vitrinas empotradas en las paredes y en cada una había una muchachilla de edades parecidas a las suyas, muy monas todas, pero muertas. Ello implicaba que habían perdido su atractivo físico, aunque había una al fondo que aún tenía ojos y buenos pechos, de hecho yo creo que con un buen peinado y un poquito de maquillaje...disculpen, me estoy desviando del tema. El caso es que nuestra joven fanática de los Smashing, se llevó una buena decepción:
- Oh, no, que decepción me estoy llevando-dijo.
Pero sus palabras obtuvieron respuesta:
- No me extraña tía, es que eso es lo que es.
-¿Quién habla?
-Soy yo, la muerta de enfrente.
-Ah bueno, ahora me dejas más tranquila, cuéntame-contestó la joven con su habitual tono sarcástico.
-Espero que estés preparada para oír lo que tengo que decirte, porque sino tendría que repetirlo y tengo la garganta seca. El caso es que los Smashing Pumpkins nunca existieron como tales, nosotras somos las verdaderas integrantes pero los que dan la cara son esos niñatos que tú ya conoces y has visto en los conciertos, que como comprenderás eran de Playback.


...aunque había una al fondo que aún tenía ojos y buenos pechos...

- Pero, si estáis muertas, ¿cómo habláis?
- Es que en realidad no estamos muertas del todo, lo único estamos un poco desnutridas y colgadas de un gancho, pero tú por nosotras no te preocupes, estamos felices.
-¿Y cómo es posible que lo estéis?
-Verás, ya sé que hay rumores por ahí de que Barbazul va comprando niñas y matándolas luego, pero en realidad es todo mentira, tú eres la primera que ha comprado y nosotras no tenemos nada que ver con eso. Nosotras somos las Smashing Pumpkins, que fuimos contratadas para tocar en este palacio y cuando nos fuimos a ir, nos invitó a una copita de vino. Como era un Riberita del Duero, denominación de origen, que no deja mancha, no pudimos decir que no a la primera copa. Tampoco a la segunda ni a la tercera, ni la décima. Así que nos pillamos un ciego bestial y no recordamos que pasó entonces. Lo que sí sabemos es que cuando recobramos el conocimiento estábamos aquí colgadas, con los instrumentos y bañadas en vino. Como lo del gancho duele mazo y teníamos hambre y sed, bebimos y bebimos, y el vino sanó todos nuestros males. Aproximadamente cada dos horas volvemos a tener dolor, hambre y sed, y de nuevo sale vino de unos chorritos que hay en los extremos de la habitación (en plan baño turco) y lo volvemos a beber para curar todos nuestros males. Entre horas tocamos un poquillo y lo pasamos bien.
-¡Au!, ya empieza a doler el gancho.
Tras pronunciar estas palabras, como si de un conjuro se tratase unas pequeñas oberturas en las paredes de la habitación comenzaron a derramar vino.
-Yiiuhu!- gritaban las moribundas con gran alegría.
Cuando nuestra joven protagonista se quiso dar cuenta de la situación la habitación se había inundado y el vino se le había metido por dentro de los zapatos, con lo molesto que es.
-Ahhg, qué asco.
-Por eso nosotras estamos descalzas- pareció contestarla una de las smashing.


-Ahhg, qué asco-exclamó la joven.

-Ahora lo entiendo todo, el gallo-langosta solo quería evitar dos cosas que nada tenían que ver entre ellas: que me manchara los pies y me pusiera a beber, porque como soy menor y un poco pija...

Así que la muchacha salió con rapidez de la habitación y cerró la puerta con la dorada llave. Atravesó el pasillo y se fue a su apartamentito de 30 metros cuadrados.

En ese momento recordó la llave. Abrió la mano para verla y ésta empezó a desprender vino. Desconcertada, la joven trató de beberse el vino para que no se derramase y dejara de salir, pero sus esfuerzos eran inútiles.

...Abrió la mano para verla y ésta empezó a desprender vino...

Su falta de costumbre de beber le jugó una mala pasada. Le quedaba mucho vino por delante y ya comenzaba a verlo todo borroso.

Dadas las circunstancias, la joven decidió introducir un cambio de estrategia. Ahora la forma de quitarse el vino de en medio era limpiándola en un jarrón.

Para su desgracia, le ocurrió lo que a Jesucristo: convirtió el agua en vino y el problema seguía sin solucionarse.

La chica era joven, pero muy lista, así que fue capaz de desplegar un último recurso, basado en un análisis racional:

-A ver. Si yo fuera una llave que derrama vino, ¿cómo me podrían convencer de
que dejara de hacer eso? Sería imposible porque entonces ya no sería una llave que derrama vino, perdería mi razón de ser.

La joven, abatida y observando como la metafísica le había dado la espalda, se lanzó sollozando sobre la cama.

...le ocurrió lo que a Jesucristo: convirtió el agua en vino y el problema seguía sin solucionarse.


Fuera estalló la tormenta. Los rayos iluminaban los ventanales de la habitación, los truenos retumbaban en sus oídos con un ruido tenebroso, la lluvia azotaba los cristales como si quisiera romperlos. En medio del fragor de la tormenta se oyeron los cascos de un caballo, y las tres ranas del jardín volvieron a croar: bar-ba-zul. (Nota del autor: este párrafo yo no quería incluirlo pero la empresa editora me ha obligado porque sonaba más comercial).

A todo esto, una risita aguda y repetitiva pareció interrumpir el ensimismamiento de la muchacha. Ésta se dio la vuelta y su mirada se cruzó con la del gallo-langosta:

-Todos me odiaban y me temían: decían que estaban hartos de mi presencia en el blog y que era un bicho transgénico. Me señalaban con el dedo y me marginaban. -continuaba diciendo el gallo-langosta entre carcajadas- Tú huías de mi y ni siquiera trataste de escucharme. Ahora estás en un apuro y no sabes que hacer ¿verdad?

La joven asintió avergonzada.

-Pues discúlpate ante mi.

-Perdón.

-Más alto, ¡No te oigo, maldita pija desagradecida!

-¡PERDÓN!

-Así no lo estás sintiendo, tienes que convencerme de que lo sientes de verdad.

-Cotocló, cotocló, cotocló, -repicaban los cascos del caballo cada vez más alto.-

El sonido del caballo asustó más a la joven que el sonido de la tormenta. Barba Azul llegaba a palacio. Su viaje había sido breve, mucho más de lo que pensaba. Quizá no había ido a echarse una partida de risk, puede que todo hubiera sido un engaño para ponerla a prueba y ella había caído en la trampa.

-Perdóname, gallo-langosta, te suplico clemencia, me asustaba de ti porque soy una desconfiada ignorante mal educada, no volveré a tratar a nadie más así. Siento haber herido tus sentimientos.

-Está bien, te diré como puedes salvarte: pídele a la llave por favor que deje de echar vino.

La joven se sintió estafada, pero no estaba en situación de rebatir nada a nadie.

-Por favor, llave, para de echar vino.

-Haberlo dicho antes, mujer, si a mi esto siempre me ha parecido un desperdicio - tronó una voz en off-.

Acto seguido, la llave dejó de desprender vino y la joven se sintió muy aliviada.





La joven corrió a lavarse las manos, guardó la llave de oro en sus bolsillos y se dispuso a recibir a su esposo, como si nada hubiera pasado.
-¡Bienvenido a casa, esposo!
-¿Has visitado todas las estancias de palacio?
-No lo sabes tú bien -pensó la joven para sus adentros, pero éstos le traicionaron y lo dijo en voz alta- y no podía imaginar que encerraran tesoros tan maravillosos.
-Ahora todos te pertenecen. Puedes quedarte con todas las llaves. Sólo quiero que me devuelvas la pequeña llave de oro. Y viendo que la joven se la entregaba con decisión, añadió:
-supongo que no habrás cumplido tu promesa, pero vamos, es normal, yo te tenté a incumplirla. Haces bien en no preocuparte.
-En realidad si estaba preocupada, después de todo lo que he visto creí que erais un ser sádico, enfermizo, pervertido y atormentado.


...-Haces bien en no preocuparte...




-¡Pero qué dices! nadie me había insultado así desde que pinté mi cuadro "árboles verdes sobre cielo azul". ¿Cómo se te ocurre ofenderme de ese modo? Jamás te hubiera hecho daño, pero esto es el colmo.

-Ahora -continuó Barbazul-, voy a proceder a atravesarte mi espada de modo transversal, incidiendo con la punta en tu cabeza, en primer lugar.

...nadie me había insultado así desde que pinté mi cuadro "árboles verdes sobre cielo azul" (...) Ahora voy a proceder a atravesarte mi espada de modo transversal, incidiendo con la punta en tu cabeza, en primer lugar.